jueves, 8 de diciembre de 2011

Receta para una crisis rentable.


desde: http://antorchanegra.blogspot.com/
Ingredientes para un continente en decadencia:
-Un puñado de gobernantes dóciles.(Da igual si son de izquierdas o de derechas)
-Periodistas obedientes. (Actualmente se pueden conseguir a muy buen precio)
-Una sociedad estúpida, cobarde y crédula.(El dogma progre es muy útil como anestésico)
-Un equipo de "economistas expertos" con un discurso catastrofista al gusto.
-Una oposición de atrezzo (Los "indignados" y demás montajes de la extrema izquierda dan muy buen juego y son fáciles de comprar).

Elaboración:

1-Con la antelación suficiente, se hunde la economía de uno o varios países mediante la especulación y la corrupción. Se fomenta que los ahorradores inviertan en productos basura. Aunque requiere un poco de práctica, con los instrumentos adecuados es más fácil de lo que parece.
2-Una vez conseguida la ruina del país, se procede a financiar su deuda con unos préstamos especialmente calculados para que sea imposible su devolución. Es muy importante acompañar esta operación con los debidos aspavientos alarmistas de nuestros "expertos" para que la población acepte con resignación la reducción de sus derechos básicos y la privatización de sus principales servicios.
3-Para encauzar y desactivar debidamente el descontento, es importante tener a mano una buena provisión de "indignados" o similares que, además del natural rechazo que producen por su aspecto, mezclen el tema de la crisis con sus estupideces habituales: ecologismo, feminismo, mariconeo, etc contribuyendo así a propagar la confusión y el desconcierto. Los que sobren, se pueden utilizar como banda de la porra contra fascistas y demás elementos reacios a nuestra receta.
4-Antes de pasar a la siguiente fase es recomendable sustituir los gobernantes corruptos de siempre por personal propio: banqueros, antiguos empleados del FMI o del Banco Mundial, miembros de la Trilateral o del Club Bilderberg, etc. Para evitar resquemores los llamaremos "tecnócratas". Con un poco de habilidad, se pueden presentar como una medida imprescindible y nadie dirá nada.
5-Una vez que tenemos el control de las naciones, viene la parte más divertida: repartirnos sus servicios públicos y los impuestos de sus ciudadanos. Si se han ejecutado bien los pasos anteriores, esta operación no debe revestir dificultad. Es importante elaborar una campaña mediática de saturación mediante tertulianos a sueldo que insistan hasta la náusea en demonizar lo público y elogiar lo privado. Pretexto: el necesario ahorro.
Y ya podemos deleitarnos con el dominio absoluto de antiguas naciones soberanas. Todo, desde sus suministros energéticos hasta sus medicinas, nos reportará un beneficio inmediato y suculento. Podremos reducir los sueldos de los trabajadores hasta salarios de miseria o hacer que no se jubilen nunca. El Banco Mundial y el FMI llevan décadas practicando en África y Sudamérica con resultados muy satisfactorios.
En el caso improbable de una excesiva resistencia a nuestras medidas, siempre podemos recurrir a la OTAN para que elimine cualquier oposición.
Como verán, se trata de una receta ingeniosa que contribuirá a que nuestros amigos Rockefeller, Rotschild Goldman Sachs y demás "elegidos" (ya me entienden...) sean aún más ricos, ricos.

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